No quiero detenerme, al hablar de Shara (de Naomi Kawase), en sus bellos travellings de seguimiento, ni en el uso de los sonidos de la naturaleza, ni en la composición de cuadros con un aprovechamiento del espacio filmico que roza lo envidiable. No. Otras personas ya se detendrán en ello. Yo solo quiero encargarme de destacar (no porque sea lo único destacable) de Shara aquella escena en el festival de Bassara donde Yu participa y Shun se contagia de su vitalidad tras tanto tiempo de un duelo de la ausencia. Filmada en tiempo real, con un ritmo interno que de por sí ya dotaba la escena de un poderoso encanto potenciado también por los amarillos de las vestimentas de los participantes de la danza, ésta escena permite que Naomi Kawase introduzca durante su desarrollo la lluvia más hermosamente filmada que el cine haya dado. Una lluvia que nace, se desarrolla y muere en lo que dura el baile y la escena, y que cae con una potencia y una densidad que seduce por dotar éste simple fenomeno meteorologico en algo inquietante y a la vez vital. Es una lluvia que desnuda el alma de los personajes con gran naturalismo y virtuosismo, sin caer en los lugares comunes de besos bajo la lluvia (esto no es The Notebook ni tantas otras). Una lluvia de la cual Kawase es consciente de su poder visual y al cual se limita, sin necesidad de aggionar la escena con mayores accesorios que lo narrativamente elemental. Y en esa simpleza, Shara encuentra su climax de belleza poetica y de dotar al espectador por unos minutos del más puro placer cinematografico.19 noviembre, 2008
La lluvia más hermosa del cine.
No quiero detenerme, al hablar de Shara (de Naomi Kawase), en sus bellos travellings de seguimiento, ni en el uso de los sonidos de la naturaleza, ni en la composición de cuadros con un aprovechamiento del espacio filmico que roza lo envidiable. No. Otras personas ya se detendrán en ello. Yo solo quiero encargarme de destacar (no porque sea lo único destacable) de Shara aquella escena en el festival de Bassara donde Yu participa y Shun se contagia de su vitalidad tras tanto tiempo de un duelo de la ausencia. Filmada en tiempo real, con un ritmo interno que de por sí ya dotaba la escena de un poderoso encanto potenciado también por los amarillos de las vestimentas de los participantes de la danza, ésta escena permite que Naomi Kawase introduzca durante su desarrollo la lluvia más hermosamente filmada que el cine haya dado. Una lluvia que nace, se desarrolla y muere en lo que dura el baile y la escena, y que cae con una potencia y una densidad que seduce por dotar éste simple fenomeno meteorologico en algo inquietante y a la vez vital. Es una lluvia que desnuda el alma de los personajes con gran naturalismo y virtuosismo, sin caer en los lugares comunes de besos bajo la lluvia (esto no es The Notebook ni tantas otras). Una lluvia de la cual Kawase es consciente de su poder visual y al cual se limita, sin necesidad de aggionar la escena con mayores accesorios que lo narrativamente elemental. Y en esa simpleza, Shara encuentra su climax de belleza poetica y de dotar al espectador por unos minutos del más puro placer cinematografico.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario