
Tarnation vuela la cabeza. Es tantas cosas al mismo tiempo, que cientos de palabras podrían definirla. Decenares de fotografías, de cortometrajes, de filmaciones caseras pueden transformarse en una película excelente, como Tarnation, de Jonathan Caouette. Psicodélica. Macabra por instantes. Perversa por otros. Oscuramente conmovedora, por otros. Imposible es sacarle los ojos de encima a Tarnation. Su montaje impecable, su frenético suceder de imagenes, su textura granulosa de filmaciones caseras, sus personajes casi salidos de un film de David Lynch; todo está ahí para mostrar una forma de hacer cine diferente, y sorprendentemente efectiva.

















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